En el trabajo diario con comunidades migrantes, la “competencia cultural” no es solo un ideal abstracto. Es un conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que configuran la calidad del apoyo, la eficacia de las intervenciones y la confianza que se construye con personas que pueden encontrarse en situaciones de vulnerabilidad, incertidumbre o trauma. Para apoyar al personal de entidades públicas en el fortalecimiento de estas capacidades y en una mejor implementación de las estrategias de diversidad, el Programa para la Inclusión de Migrantes en Riesgo de Exclusión (PIPE) ofrece un cuestionario estructurado de autoevaluación, diseñado para identificar fortalezas, poner de relieve necesidades de desarrollo y proporcionar recursos formativos adaptados en función de los resultados.
Una herramienta rápida con una estructura clara
El cuestionario está pensado para completarse en 5–10 minutos. No pretende “clasificar” a quienes responden, sino ofrecer una instantánea práctica que pueda orientar el aprendizaje y la mejora. La honestidad es esencial: el valor reside en una imagen precisa de la práctica actual, no en “dar las respuestas correctas”.
Dos itinerarios alternativos: profesional (competencia ideal) o práctico
Una característica distintiva de la herramienta PIPE es que ofrece dos itinerarios diferentes:
- Itinerario profesional: se centra en las competencias ideales desde una perspectiva formal, poniendo énfasis en el conocimiento teórico y las buenas prácticas.
- Itinerario práctico: presenta dilemas y escenarios de la vida real que reflejan desafíos auténticos del trabajo intercultural, especialmente en aquellas situaciones cotidianas y sutiles en las que pueden aflorar prejuicios, frustración o malentendidos.
Las escalas de respuesta difieren en consecuencia: el itinerario profesional utiliza una escala de acuerdo, mientras que el itinerario práctico utiliza una escala de frecuencia (desde “nunca me ocurriría” hasta “siempre me ocurriría”).
Cinco bloques para una visión holística de la competencia cultural
Las 12 preguntas se organizan en cinco bloques de evaluación, que abarcan todo el espectro de la práctica intercultural, desde el apoyo en la fase inicial de adaptación hasta la acción a nivel comunitario.
1) Fase inicial – precompetencia cultural
Evalúa la disposición para apoyar la adaptación temprana: explicar las costumbres locales, orientar a las personas migrantes hacia recursos de aprendizaje del idioma y diseñar actividades que fomenten el sentido de pertenencia y el respeto mutuo. Incluye también “ítems espejo” que recogen errores comunes, como la simplificación excesiva de fenómenos compleos (burocracia, discriminación) o el desánimo cuando el aprendizaje del idioma parece difícil debido a barreras psicológicas o traumas.
2) Conocimiento cultural
Explora el conocimiento de las historias, valores, tradiciones y sistemas familiares de las comunidades atendidas y, de manera crucial, la comprensión de los factores estructurales que afectan a las personas migrantes (políticas, servicios públicos, discriminación). Invita a reflexionar sobre sesgos implícitos y la tendencia a minimizar experiencias de discriminación institucional.
3) Habilidades culturales
Se centra en capacidades basadas en la práctica: técnicas de entrevista culturalmente adaptadas, abordar temas sensibles cuando sea pertinente (religión, sexualidad, política), evitar un lenguaje infantilizador cuando una persona tiene dificultades con el idioma local y distinguir entre problemas individuales y barreras estructurales.
4) Encuentros culturales
Analiza encuentros interculturales significativos que ayudan al personal de entidades públicas a replantear supuestos y desmontar estereotipos, examinando también si las expectativas sobre la “integración” varían inconscientemente entre distintos grupos. Aunque es un bloque breve, a menudo revela cómo la experiencia configura la perspectiva del servicio público.
5) Experiencia cultural y acción comunitaria
Va más allá del apoyo individual hacia dimensiones sistémicas y comunitarias: diseñar programas comunitarios en los que migrantes y población local cooperen en objetivos comunes; facilitar actividades que construyan un terreno compartido; evitar eventos interculturales “tokenistas” que refuercen estereotipos; y promover la autonomía y el liderazgo comunitario en lugar de mantener a las personas migrantes en el rol de “beneficiarias permanentes”.
De los resultados a un itinerario de aprendizaje personalizado
La herramienta ofrece un marco de interpretación para cada bloque (por ejemplo, nivel consolidado, habilidades emergentes, etapa inicial de desarrollo) y una evaluación global que sitúa a las personas participantes a lo largo de una progresión, desde la conciencia inicial hasta la competencia cultural y la experiencia cultural avanzada. En función de estos resultados, PIPE vincula las necesidades detectadas con prioridades formativas específicas, como la comunicación intercultural, los enfoques de empoderamiento, el trabajo antirracista, la mediación de conflictos, el diseño participativo e incluso competencias de nivel superior como la formación de formadores y el rediseño de políticas interculturales.
Por qué esto es importante (incluso para el personal público con experiencia)
Bien utilizado, un cuestionario como PIPE ayuda a:
- hacer visibles hábitos cotidianos y puntos ciegos (simplificación, incomodidad ante temas sensibles, expectativas desiguales);
- conectar la práctica individual con las realidades estructurales que afectan a las personas migrantes;
- transformar el desarrollo del personal, pasando de formaciones genéricas a aprendizajes específicos alineados con necesidades reales.
En definitiva, el cuestionario PIPE constituye un punto de partida práctico para construir servicios públicos más inclusivos, reflexivos y eficaces, apoyando a las entidades públicas en la implementación de estrategias de diversidad y conectando las competencias formales con la complejidad vivida de la práctica cotidiana.



